martes, 1 de mayo de 2012

Pi. El Orden del Caos.


Opera prima del director Darren Aronofsky. Pi es una película difícil, tensionada, pero no incomprendida. Rápidamente nos damos cuenta de que se trata, y nos involucramos con sus postulados. Max Cohen es un matemático brillante, solitario, le tiene aversión al contacto con los demás humanos. A los seis años miró directamente al sol, encegueció y luego pudo ver. Desde ese momento sufre de fuertes jaquecas y de una capacidad increíble de hacer cálculos matemáticos. El joven Max postula que las matemáticas son el lenguaje de la naturaleza, y está en busca del patrón en PI. Considera que el mercado de acciones es un organismo natural y por eso debe también tener patrones escondidos detrás de sus números. Los trabajos en su computadora Euclides lo llevan a acertar algunos movimientos en el mercado de acciones, pero luego ésta sufre una inexplicable avería arrojando una serie de 216 números. En este camino Max se da cuenta que la búsqueda del patrón en PI es mucho más importante de lo que se imaginaba y en él se encuentra el patrón que rige el universo. La trama transcurre entre sus reflexiones, jaquecas, alucinaciones y el acoso de dos grupos extremistas unos economistas de Wall Street y un grupo de ortodoxos judíos.  
Estamos frente a la búsqueda del principio que rige el Orden de nuestra realidad, siendo nuestra realidad un aparente caos. La lucha del ser humano por querer entender su mundo más cercano (las finanzas) y el más lejano (Dios). El discurso de Max es contrastado por su mentor Sol, quien lo introdujo en el estudio de Pi. Sol trata de liberar a Max de este yugo con frases como “la vida no es sólo matemáticas”. Según Sol, Max vuela muy alto, como Ícaro, y esta enloqueciendo por su obsesión (esta es una metáfora al peligro que correo como le sucedió a Ícaro por volar tan cerca al sol). Aunque en el fondo, Sol sabe que las investigaciones de Max están muy avanzadas; ya que el mismo ya había llegado a resultados iguales durante su investigación. Tenemos aquí la presencia del hombre que se rindió, que prefirió seguir una vida normal y no enloquecer en busca de un conocimiento que escapa de la capacidad humana.
El lenguaje visual nos presenta un blanco y negro intenso con planos subjetivos, que nos llevan a la visión de Max. Los cortes que interrumpen una toma más rápido de lo normal, provocan un despertar constante. No existe una decadencia narrativa en ningún momento. Pues estamos atentos ya sea al ritmo de edición y/o a la banda sonora. Pi es una película densa, completa en el sentido que se corresponden muy bien sus textos con su ritmo y sus planos.  
Quisiera referirme aquí a las hormigas, que me hacen recordar el famoso corto “Un perro andaluz” de Luis Buñuel. La presencia de la hormiga en este sistema de máquinas, como ser orgánico dentro de un sistema computarizado. Siendo la hormiga un animal tan pequeño pero con gran capacidad de trabajo como los chips de las computadoras.
Al finalizar Pi queda la pregunta suelta ¿A que nos llevaría conocer el patrón que rige nuestra naturaleza? ¿Nos es útil? ¿Somos lo suficientemente puros para ver a Dios?

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