Si el sólo título ya es un anuncio de las conmociones que surgirán en este film, dirigido y escrito por Lars Von Trier, la delirante y majestuosa introducción sirve de augurio al fascinante desenlace, recurso que nos permitió prestar mayor atención al desarrollo de la historia, conocer a sus protagonistas, identificarnos con ellos, entenderlos o incluso repudiarlos.
Esta versión apocalíptica del fin del mundo no abandona los sentimientos individuales de los personajes, contraria a otras versiones en las que se generaliza el dolor de la humanidad ante la destrucción de la Tierra, Lars von Trier construye la historia en días previos a ese suceso restando importancia en un inicio al hecho catastrófico y nos involucra ante un evento social cotidiano: la fiesta de bodas de Justine y Michael.
La historia está dividida en dos partes, la primera se centra en Justine protagonizada por Kirsten Dunst, quien en una aparente felicidad se encuentra recién casada y celebrando su boda. Pero con el transcurrir de la fiesta nos percatamos de su inestabilidad emocional y progresiva depresión.
La sensibilidad de Lars von Trier nos permite ser partícipes e involucrarnos más con una historia que no deja más que sorprendernos. La segunda parte, toma protagonismo Claire y nos muestra su realidad como esposa, madre y sobretodo hermana. Claire empieza a visualizar los temores hacia el planeta Melancholia que se acerca a la Tierra, pero su esposo (Kieffer Sutherland) la reconforta con su plena fe en la ciencia.
Justine evidencia un progresivo cambio de actitud, se muestra extasiada con este planeta y considera que “la Tierra es maligna”. Por otro lado, Leo, el hijo de Claire, representa la esperanza que Justine logra inspirarle.
Con lo resumido, podemos afirmar que Lars von Trier realizó una buena construcción de personajes, pues aunque la gran parte de ellos representan actitudes límites, son convincentes y permite establecer empatía con ellos.
Otro de los medios que utiliza el director para involucrarnos con las escenas es el movimiento de la cámara, a la manera casera. Destaca primeros planos en los personajes lo que nos permite apreciar sus expresiones y emociones, también utiliza planos aéreos que transmite la majestuosidad del paisaje y la atmósfera solitaria.
La música que acompaña la introducción y reaparece en los momentos de mayor tensión, pertenece a la composición de Wagner “Preludio de Tristán e Isolda” y es el alma del film pues le confiere personalidad y profundidad a las escenas.
Para finalizar, no podemos dejar de lado la evidente inspiración que tuvo Lars von Trier del arte como lo mencionamos anteriormente con la obra de Bruegel, otro ejemplo lo apreciamos en la imagen de la novia flotando en el agua, y que figura en la portada de la película, que evoca La muerte de Ofelia del lienzo pintado por John Everett Millais.
La muerte de Ofelia,John Everett Millais.
Gran impresión debió haberle causado a Lars von Trier el personaje de Ofelia, que en la historia de la Literatura ha sido evocada varias veces, como Arthur Rimbaud quien inspirado en esta enloquecida, enamorada y frágil ante situaciones límites, escribió un poema a la Ofelia shakesperiana. Citamos a continuación el primer párrafo del poema, que podría describir la portada de Melancholia.
"En las aguas profundas que acunan las estrellas,
blanca y cándida, Ofelia flota como un gran lirio,
flota tan lentamente, recostada en sus velos...
cuando tocan a muerte en el bosque lejano”...
Ofelia, Arthur Rimbaud (1854-1891)
blanca y cándida, Ofelia flota como un gran lirio,
flota tan lentamente, recostada en sus velos...
cuando tocan a muerte en el bosque lejano”...
Ofelia, Arthur Rimbaud (1854-1891)
En definitiva, si solicitaran resumir la impresión general que nos provocó Melancholia, sería de progresiva tristeza que nos encoge, ataca nuestros miedos y los transforma en poesía, y si nos exigieran adjetivarla, diríamos: genial y majestuosa.






